06 Jul

Es una historia ficticia que refleja una historia completamente verdadera. Tal vez las historias no suenan muy congruentes cuando son contadas, pero vividas comienzan a tener mucho sentido.

Disfruta de mi historia más reciente de terror y tragedia en donde se expone la realidad metafórica de la existencia de los vampiros en nuestro mundo. Espero que la disfrutes y cualquier reseña de tu parte es bienvenida. ¡Que tengas una noche de lectura inolvidable!

LOS VAMPIROS DEL MUNDO REAL

Escrito por Liza Gabriela N. Pagoada - 2018

“Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien.” 

–Víctor Hugo

[La siguiente es una historia que refleja lo metafórica que es la existencia de los vampiros; que tal vez existan pero no sean tal cual nosotros los imaginamos. No se puede tomar su contenido literal, ya que está lleno de parábolas y simbología, todo ello refiriéndose a la existencia de seres que muchos niegan que en realidad existen o que aceptan su existencia pero no como realmente es.

Es una historia ficticia la cual su contenido refleja una historia completamente verdadera. Tal vez las historias no suenan muy congruentes cuando son contadas, pero vividas comienzan a tener mucho sentido.

Autor

Liza Gabriela Nuñez Pagoada]


I

Siento miedo, un miedo que recorre todo lo largo de mi espalda descubierta; tanto que hoy específicamente siento la espera del autobús eterna. Noches anteriores me he sentado a esperar por mucho, cinco minutos. Mientras la noche avanza, siento más frio y más miedo y de vez en cuando escucho ruidos de la carretera y se eriza mi piel, es como sin estuviera esperando que algo malo fuese a pasar; tengo miedo, aunque no sé por qué sea.

En un despiste volteo hacia la luna quien me mira detrás de la sombra creciente y las nubes que van pasando, una detrás de otra cubriéndola por completo de vez en cuando. Me quedo inmóvil... ¿Qué es lo que siento en mi hombro? Es una especie de aire cálido, como un aliento que me sopla en la oreja. Volteo de repente y veo a lo lejos de la solitaria y obscura calle una especie de perro gigantesco que sentado me observa jadeante, luce como si estuviese impaciente por acercárseme. Abrazo con alivio el sonido del bus que viene y las luces que se reflejan en el pavimento húmedo y una vez se detiene, entro en él; inmediatamente me siento en el primer asiento vacío viendo por la ventana al extraño ‘perro’ quien me sigue con la mirada y se voltea para ver cómo me alejo en el autobús. Tengo escalofríos, pero tan solo es una extraña noche.

Después de 20 minutos de viaje, estoy finalmente en casa y avanzada la noche, el terror que sentía en la parada de autobuses es peor que antes, es como si alguien me estuviese siguiendo, vigilándome, incluso de vez en cuando me roza la piel. Después de todo no puedo darme cuenta qué es lo que me causa esta sensación tan incómoda, pero puedo intentar ignorarlo.

En cama, el miedo me invade aún más, cada vez que cierro los ojos presiento que algo vendrá por mí. Lo único que sé es que me invade el terror. Empapada en sudor me doy vuelta y me envuelvo con la sábana dejando al descubierto mi cara solamente, pienso que si veo el cielo nocturno a través de la ventana podré caer lentamente en sueño. Cuando estoy a punto de quedarme dormida, cerca de mi ventana se escucha un aleteo bastante rápido y constante que choca contra el cristal, es un ave. La veo, es grande y con las plumas completamente negras que solamente brillan con la luz de la luna, revolotea y se golpea contra el vidrio de mi ventana, como si tuviera la frenética intención de entrar. Después de varios minutos por fin se queda posada en mi ventana...viéndome, a mí, viendo inmóvil mi rostro. Esta ave tiene una mirada muy extraña, penetrante como la de una persona. En ese momento simplemente lo ignoro y le doy la espalda, pero solo su presencia me da más temor.

Me despierto de una terrible pesadilla, aún más sudada y con el corazón palpitando con rapidez, en el momento que abrí mis ojos me di cuenta que mi cuerpo estaba volteado hacia la ventana y el animal seguía observándome, de vez en cuando movía su cabeza de un lado a otro como si quisiera verme desde mejor ángulo. Aunque no recordaba la pesadilla, me daba la sensación de que esa cosa había estado en ella. Mientras la veo, golpea la ventana con su pico, como si estuviese llamando; le doy la espalda nuevamente y siento de nuevo una respiración cerca de mi oído entonces me cubro con la sábana.

No recuerdo haberme quedado dormida, pero desperté de nuevo hacia la ventana y el ave ya no estaba; al recordarlo todo, una pequeña risa se escapa de mis labios ¡qué loca pesadilla! Intento poner mis pensamientos en orden y comprender lo que había pasado en la noche anterior. Mis ojos se sostenían en el vidrio mientras recordaba todo anteriormente, aunque mi cerebro confundiese todo con una pesadilla había algo en mí muy dentro que me decía que todo había sido cierto. Cierto o no, le tengo miedo a lo que sea que haya ocasionado toda esa situación de horror que hoy mismo vuelvo a sentir, intento pensar que todo se trató de disparates de mi cabeza o simplemente sucedió pero fueron meras coincidencias. De repente comienzo a tener una extraña sensación, la decepción dentro de mí se acumula en un suspiro breve, y pesado...algo me observa, me sigue y me quiere.

Mi día sigue como cualquier otro, excepto por mi propia sensación de expectante miedo. En el parque todo está tranquilo, y la verdad es que el ambiente me reconforta.

Despierto de golpe. Un hombre está sentado a mi lado y en el mismo momento me percato de lo cansado que está el sol ¿cuánto tiempo estuve dormida? Volteo hacia la persona y con timidez me dirijo hacia él “Disculpe” le digo y me doy cuenta de su aspecto, que a pesar de ser simple de describir a mí personalmente me dio escalofríos. Su piel, no tiene color, no, no es blanca; se trata de un gris casi transparente y sus venas son de un tono bastante oscuro. A pesar de ser extraño, lo ignoro. Con un sus piernas cruzadas, se gira hacia mí con un rostro burlesco “¿En qué puedo ayudarla?” me dice por fin con una pequeña sonrisa burlona y mal intencionada. ¿Se burla de mí porque me he quedado dormida? Y continúo “¿Tiene la hora?”, se queda mirándome con el rostro de sarcástico de siempre y dice finalmente “Yo diría que...” viendo su reloj continúa “Es la hora indicada” y entonces sonríe y se va, pero el aire que deja es de un olor desagradable casi como a... putrefacción.

Extrañamente, a pesar de lo desagradable de la actitud y el físico de tal personaje siento un pinchazo de atracción. Algo así como una atracción forzada, pero él no sale de mi mente y además tengo esa sensación de haber visto esos ojos antes.

II

Está obscuro nuevamente, y la verdad es que ha sido una noche completamente normal. Incluso llegué a olvidarme de casi todo lo que sucedió la vez anterior, aunque por alguna razón no siento que pueda dejar de pensar en aquél hombre del parque. Si es tan repugnante, ¿por qué transita constantemente entre mis pensamientos?.

En cama, envuelta hasta el pecho, veo la ventana. Es como si esperase a algo o alguien. Probablemente sí, tal vez porque mi vida es tan aburrida y cotidiana que simplemente cualquier cosa que haga mi día distinto, me satisface. Un cosquilleo en mi oreja me despierta, claramente siento una respiración soplándome y escucho igualmente el suave sonido de una exhalación. Abro los ojos y el ave de anoche está ahí de nuevo, pero esta vez no siento miedo. Esta noche me ve con consuelo, como si sintiera mi dolor por la soledad que llevo dentro y es entonces cuando una voz en mi cabeza resuena como si me hablara dentro de un cuarto vacío “Déjame entrar” dice con falsa ternura, sé que es una voz que antes he escuchado, pero me ciego ante lo que sea porque su voz me hipnotiza. Me levanto de la cama sin apartar la mirada de los ojos tristes del animal y escuchando cada vez con más claridad la voz que me habla “Déjame entrar” me dice insistente.

Frente a la ventana, me acerco para observar la negra ave... esos mismos ojos, pero esta vez son como ‘una linterna para una polilla’ y entonces abro la ventana. Una vez abierta, me alejo porque ha entrado una fuerte ráfaga de viento que hace que caiga al suelo mientras me cubro el rostro, un extraño sonido llama mi atención, suena como huesos rompiéndose entre quejumbrosos gemidos y cuando levanto mi mirada el ave de la ventana estira sus alas las cuales comienzan a botar las plumas y tomar la forma de un brazo humano grisáceo y de prominentes venas oscuras. Su pico desaparece tomando forma de labios pálidos y resecos y toda ella, en medio de una sangrienta metamorfosis se convierte en un ser... que antes había visto.

En mi perplejidad, tirada en el suelo, me sonríe con un poco más de sinceridad que antes y me extiende su mano de dedos largos. Ese olor a putrefacción, está ahí pero es como si hubiera otro olor en el ambiente tratando de ocultarlo; me toma de la mano y me pone de pie, en su piel no hay sensación, no hay calor ni frío. No hay nada. 

Frente a él, lo veo a los ojos y acaricia mi mejilla con ternura, al igual que sus ojos comienzan a tornarse suaves y dejan de juzgarme. Dentro de mi cabeza hay una constante lucha, me da la sensación de querer entrar, pero enterrada muy por debajo de mi razón, está la duda de hacerlo. “No hay problema en ello, solo seríamos tú y yo.” me dice como si supiera lo que pasa dentro de mis pensamientos, y sonríe sutilmente. Recobro mi cordura y mi valentía y entonces le pregunto entre un cansado suspiro “¿Qué eres?”, tras mi pregunta puedo ver la tribulación en su rostro, la cual trata de ocultar sonriendo más abiertamente y es ahí donde puedo ver el esplendor de sus amarillentos dientes en donde sobresalen un par de colmillos... pero en realidad no dice nada.

Ante mi paralizada presencia, comienza a decirme palabras hermosas, su voz y lo que dice se vuelven como un bálsamo y solamente escucho mientras soy consciente de que aunque no quiera... le creo. Detrás de todo esto, sé que hay algo que está mal. Hace que mi cabeza dude y se haga preguntas constantemente, pero mi corazón y mi alma están embobadas ante aquella lúcida presencia que me traga lentamente con su mirada, una mirada que no es al cien por ciento genuina.

Pero estoy convencida de dejarlo entrar, y él lo sabe porque me ve con un gesto de complicidad y sin quitar sus ojos de los míos, toma mi muñeca y lentamente se la lleva a la boca. Sé lo que va a hacer y para mi sorpresa nuevamente vuelvo a recobrar mi juicio, entonces lo detengo y me dice “Lo discutiremos, alteza... lo discutiremos” dice por segunda vez, pero en esta ocasión su rostro es escalofriante. Se pone de pie y me besa la frente, hasta este momento solo he estado hipnotizada, casi sin moverme y solo lo veo irse por la ventana, pero esta vez tiene la forma de un murciélago grande cuando sale volando. Y entonces, me desmayo.

La luz del día que entra por la ventana me despierta, me da calor y me quema el rostro; estoy segura que es un nuevo día, que ha sido una pesadilla y con seguridad me levanto y veo por la ventana. Es un día normal y debo ir a trabajar.

Siento que me invade una debilidad en el cuerpo y estoy terriblemente mareada; las personas en el autobús me miran y me examinan con sus ojos que juzgan cruelmente cada centímetro de mí. El transporte de repente se detiene y salgo deprisa bajo el calor de sus miradas. Pongo los pies en el asfalto, el calor del sol me penetra y se extiende por todo mi cuerpo; solo recuerdo haber escuchado mi retumbante respiración dentro de mi cabeza cuando me desplomo en la calle.

Abro los ojos nuevamente y estoy en mi habitación nuevamente, la luz tenue que entra por la ventana me hace calcular mentalmente la hora, siento mis labios secos y no puedo sentir todo mi hombro y mi brazo izquierdo. ¿Quién me trajo hasta aquí? La ansiedad se apodera de mí al pensar en la única posibilidad de haber llegado hasta aquí; entonces con terror volteo hacia la ventana, pero no hay nada. 

Veo a mi madre del otro lado de la habitación leyendo un libro extraño, se percata de que ya estoy despierta y me sonríe, se levanta y va hacia la ventana para cerrar las cortinas y con asco me dice “¡Mira! Hay un espantoso murciélago en tu ventana.” el temor hace que me despierte de golpe, para ver que estoy sudando en mi habitación vacía y obscura; en lo primero que pienso es voltear hacia la ventana y para mi sorpresa, dentro de mi habitación sentado al lado de la ventana está aquel quien me ha estado siguiendo todo este tiempo. Desde esa silla, me ve sin gesto alguno mientras arregla las mangas de su camisa“¿Qué haces aquí?” le pregunto levantándome de la cama y sentándome en la orilla, “...dejamos algo pendiente la última vez, ¿recuerdas?” rápidamente se levanta de la silla y se abalanza sobre mí, sus ojos rojos que penetran los míos comienzan a brillar más de lo normal y se convierte en un monstruo para mis ojos, ya no es el ser que me hablaba tranquila y elocuentemente , ahora es un demonio quien pone una mano sobre mi rostro y con la otra toma mis brazos dejándome casi inmóvil; y entonces siento sus colmillos cómo penetran mi cuello y rompen mi piel y desgarran haciendo un gran agujero en él, y de ahí con cada succión siento que voy perdiendo la poca vida que me queda.

III

He caído en un sueño profundo, en el cual no dejo de escuchar voces que me susurran tan cerca de mi oído que me causan escalofríos y me dicen “Hades...Hades”. No se callan y mis remotos intentos de silenciarlos se limitan en tapar mis oídos y estremecerme en la cama, en donde siento un profundo olor a sangre y un irritante picor en mi cuello.

Intento levantarme y todo a mi alrededor me parece tan irreal, como si yo hubiese sido arrancada de esta dimensión. Sentada en la orilla de mi cama siento como el dolor de cabeza se apodera de mí y de toda la percepción de lo que está a mí alrededor. Solamente veo la fuerte luz borrosa que entra por la ventana y con dificultad escucho el sonido de los automóviles y la gente que conversa afuera; suspiro porque los sonidos de la ciudad me hacen sentir que no estoy sola.

Estoy consciente que mis sábanas están empapadas de sangre, de mi propia sangre y que mi cuello ha sido vendado bastante bien y sé que mis muñecas están marcadas con grandes hematomas con forma de largos y puntiagudos dedos. Pero su nombre me sigue rebotando en la cabeza y solo quiero callarlo ignorando el miedo que me causa y el terror que me acaricia suavemente provocando que se ericen mis vellos en todo el cuerpo.

Siento muy en el fondo que algo me hace falta, trato de ignorar que sé realmente lo que es pero la verdad... es que sí lo sé. Nadie en su sano juicio pensaría o se pondría a pensar que en algún momento alguien podría robarle el alma; desgraciadamente, es esa ausencia de mi propia esencia la que ha desaparecido de la noche a la mañana. Es tan absurdo pensarlo que incluso una pequeña risa resuena entre mis labios, los cuales de la sed y la resequedad se han resquebrajado y roto ligeramente.

Todo es tan irreal que simplemente lo ignoro y permanezco indiferente. Sentada en la cama solo dejo que el día pase, la sed y el hambre me carcomen pero permanezco expectante a la noche quien lentamente me acecha por la venta burlándose de mí mientras el sol va desapareciendo en el horizonte. A medida la oscuridad va invadiendo mi habitación, escucho con más frecuencia el nombre de antes “Hades” siento que lo respiran en mi espalda sin pausas como si miles de personas lo dijeran una y otra vez.

Soy ahora una esclava sin alma ni ser, solamente existo en una habitación vacía porque se me ha arrebatado lo que es mío. Un día estaba quejumbrosa viviendo una vida normal que me parecía que era un asco, buscando una escapada a mi supuesta soledad es como estar atrapada en un laberinto en el que no encuentro una salida y ese laberinto es el mismísimo infierno, el inframundo en donde se manejan los cuerpos sin alma; porque le he dado mi alma al mismo demonio, quien ahora mismo con forma de murciélago toca mi ventana y como hombre toma posesión de los escombros de lo que tomó antes.

Y noto como mi sangre lo alimenta, así mismo como mi soledad en esta habitación lo alegran. Permanezco inmutable a lo que sea porque solo estoy esperando lo inevitable; aunque lo inevitable muchas veces es una mentira que permanece en nuestros oídos para no dejarnos escuchar la realidad. Bajo mi mente y mi cuerpo esclavizado se encuentra mi razón quien grita el camino a la salida, pero es casi imperceptible por el ruido que hacen las voces dentro de mí.

IV

Escucho nuevamente el revoloteo de sus alas que golpean el vidrio de mi ventana y entiendo que esta noche es la última porque hoy se le ve bastante ansioso, así que solo me limito a abrirle la ventana al vampiro que presume su presencia frente a mí y que abusa de su poder. Huele mis vendas empapadas de vieja sangre y mientras las quita con delicadeza, deja salir un suspiro bastante nostálgico y abre su boca para escupir algunas palabras “Sé muy bien que tú sabes que esta noche es especial” estas me acarician los oídos mientras caigo lentamente en un sueño profundo mientras siento claramente cómo termina con la última gota dentro de mí y lo último que escucho es cómo mi cuerpo golpea el suelo de madera y esta se estremece mientras toco lo profundo del inframundo ardiente.

Otra vez abro los ojos, y el sigue aquí observándome con placer pero ya no es el mismo de antes. Me levanta con admiración y con exquisitez remojándosele en la boca dice “El inframundo ha aceptado mi bella creación” mientras me mira de pies a cabeza. Y es que ahora todo se siente tan diferente, como si la realidad estuviera tan lejos de mí y el hambre es insoportable; y es que ahora soy como él, entonces ahora ya no queda más moral que respetar y a pesar de que soy producto de él no me importaría deshacerme por fin de su existencia que solo me trajo pura muerte.

Y en las portadas de los periódicos recuerdo claramente que anunciaban ‘Mujer asesina a su marido con una estaca de madera en el corazón, afirma que era un vampiro.’ Nunca nadie me ha creído que realmente esta historia, esa es mi realidad y la relato tal y como fue y me rehúso a pensar en cualquier otra posibilidad. Lo único que sé es que me contagio algo de él, ustedes son profesionales...deberían saber. Tal vez es por eso que me han encerrado con otros que están contagiados.

Fin

“Dios mata indiscriminadamente, y nosotros también. Porque ninguna criatura de Dios es como nosotros, ninguna se parece tanto a él como nosotros.”

– Lestat de Lioncourt, Entrevista con el Vampiro.

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