13 Aug

Les comparto este relato corto que, a mí misma me ha dejado emocional. Es un cuento que transmite una sensación genuina de tranquilidad y verdadera felicidad. Espero que al leerlo puedan experimentar lo que hablo. 

Que lo disfruten y tengan una noche de lectura inolvidable. 

- Liza Gabriela N. Pagoada 

MI HERMANO, EL ESCRITOR 

Escrito por Liza Gabriela Nuñez Pagoada - 2022

Hace tiempo que desayuno, como y ceno en soledad. Pongo la mesa con la esperanza de que, por fin me acompañe mi hermano, el escritor. En su lugar, me acompaña el sonido de sus zapatos que resuenan en el piso de arriba, camina de aquí a allá y de vez en cuando escucho el arrastre de su silla y es esa su forma de hacerme saber que ha tenido una idea. Aunque no le he visto desde hace meses, sé que está ahí, porque cada mañana me encuentro con su plato vacío en la mesa y es esa su forma de hacerme saber que ha comido.

 Mi hermano, es escritor. De vez en cuando en la noche escucho cómo sale de su habitación con gran sigilo. A pesar de que lo escucho casi siempre, nunca sabré – más que él mismo – a lo que juega todos esos meses mientras escribe, pues no baja hasta que ha terminado. Mi hermano, es escritor; y si pues extraño su presencia cuando no comparte la mesa conmigo, puedo escuchar su voz resonar en mi cabeza cuando leo sus párrafos. Es posible que en el encierro y en el silencio vive con tranquilidad cada página de sus libros. Es posible que en el encierro discute consigo mismo lo que plantea en sencillos versos. 

Y sí, podría confrontarlo con preocupación sobre su ausencia, pero prefiero no hacerlo. Pues, qué cruel es interrumpir una pasión, una cual parece ser su escape a una vida más perfecta. Sé que los días son buenos cuando muy pocas veces escucho sus pasos o el arrastre de la silla, o incluso deja el plato de comida a medio terminar en el comedor. A pesar de su silencio y de sus grandes intentos para pasar desapercibido, aún logro saber cuándo está bien y cuándo realmente sufre… al menos sabe que entiendo su estilo de vida y que otorgarle soledad y libertad es mi forma de querer. 

Mi hermano, es escritor y hoy, al aroma de las lentejas de la cena, escucho por fin el apaciguador sonido de una puerta que rechina al abrirse y luego unos quejumbrosos pasos bajar las escaleras. Se sienta a la mesa luego de varios meses de no haberle visto, y al verme unos segundos, sé que eso basta para decirme “Me alegra verte”. Al servir la mesa, se limita a comer, y al primer bocado sonríe con la boca llena con gusto y satisfacción. A pesar de que predomina el silencio en la cena, me hace muy feliz compartir el silencio en su compañía. Mi hermano, es escritor… uno de muy pocas palabras. 

Fin.


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